En esta utopía, las esposas también son perfectamente fieles… al menos en apariencia. Son compañeras ideales, cariñosas y leales, pero sin renunciar a sus propios deseos y placeres secretos. No hay engaños, solo independencia y libertad sin culpa. Nadie juzga, nadie se reprime, y la felicidad es colectiva. Pero claro, en la vida real, muchas juegan el mismo juego de doble moral que critican en los hombres.
