Los jueces ya no existen, las leyes las interpretan algoritmos, y si la IA te señala como sospechoso, olvídate de tu libertad. Lo peor es que nadie sabe cómo funcionan esos códigos… ni siquiera quienes los programaron.

Los jueces ya no existen, las leyes las interpretan algoritmos, y si la IA te señala como sospechoso, olvídate de tu libertad. Lo peor es que nadie sabe cómo funcionan esos códigos… ni siquiera quienes los programaron.