La naturaleza no perdona a los distraídos. En un mundo donde el despistado paga con su propia existencia, la fórmula es clara: te mueves o te sirven en una copa con salsa de tomate y un toque de limón.
La vida está llena de camarones dormidos: esos que posponen decisiones, que esperan "el momento perfecto" o creen que la suerte es un derecho y no un accidente estadístico. Si la historia nos ha enseñado algo, es que los que se duermen no despiertan en una mejor situación... despiertan, si tienen suerte, con un trozo de apio decorativo en la cabeza.
