En esta utopía, el Gran Firewall no existe y los ciudadanos pueden decir lo que piensan sin desaparecer misteriosamente. No hay cámaras en cada esquina analizando cada movimiento ni sistemas de crédito social que te castigan por cruzar mal la calle. No hay censura, no hay miedo, no hay Xi Jinping eternizándose en el poder. Pero claro, en la realidad, el "milagro chino" viene con manual de obediencia y apagón informativo.