En esta utopía, no importa si naces en una mansión o en una casa de cartón: todos tienen acceso a la misma educación, salud y oportunidades laborales. No hay élites que heredan privilegios ni pobres atrapados en un sistema diseñado para que nunca suban de nivel. Aquí, el talento y el esfuerzo determinan el éxito, no el apellido o la cuenta bancaria de papá. Pero claro, en la vida real, si naces pobre, las probabilidades de seguir siéndolo son tan altas como las de que un político devuelva lo robado.
