Los robots no reemplazan a los humanos ni deciden qué es mejor para nosotros. En esta utopía, la IA se usa para mejorar la vida, no para vigilar, controlar o manipular. Los algoritmos eliminan el trabajo monótono sin dejar a millones en el desempleo, y la automatización nos da más tiempo libre, no más ansiedad. Pero claro, en la vida real, la inteligencia artificial está diseñada para maximizar ganancias y controlar a las masas con precisión matemática.