Aquí, las sentencias no dependen del tamaño de la billetera ni del apellido del acusado. No hay juicios arreglados, ni fiscales que "pierden" pruebas cruciales. La ley se aplica sin favoritismos, y las cárceles están llenas de verdaderos criminales, no de chivos expiatorios. Pero en la realidad, si tienes dinero, hasta los peores crímenes pueden quedar en "falta de pruebas".
