Aquí, los políticos entran al gobierno para servir, no para robar. No hay lujos, ni sueldos millonarios, ni privilegios absurdos. Solo trabajan por el bien común, y si no cumplen, se van sin drama ni pensiones vitalicias. No existen asesores inútiles, ni parientes enchufados en cargos públicos. Pero claro, en la realidad, la política es el mejor negocio para los que no quieren trabajar de verdad.
