El amor es un contrato vitalicio sin cláusulas de traición ni letras pequeñas llenas de desilusiones. Aquí, no existen los "me cansé", "no eres tú, soy yo" o los mensajes sospechosos a la 1 AM. Nadie miente, nadie esconde nada y todos son emocionalmente maduros. No hay amantes secretos ni peleas absurdas por likes en redes sociales. Pero claro, en la realidad, la monogamia es más frágil que un castillo de naipes en un huracán.