Los discursos vacíos y las promesas falsas son cosa del pasado. En esta utopía, los líderes son personas capaces, no celebridades con traje. No hay polarización fabricada ni partidos políticos diseñados para dividir en lugar de construir. Aquí, las decisiones se toman con lógica, datos y visión de futuro, no con tweets incendiarios y shows mediáticos. Pero claro, en la realidad, la política es puro teatro y los votantes eligen al mejor actor, no al mejor líder.
