En esta utopía, los políticos no son mafiosos con traje ni prometerían el cielo para luego entregar el infierno. Aquí, la gente en el poder trabaja de verdad para mejorar la vida de todos, no solo la suya. No existen campañas basadas en mentiras, ni corrupción disfrazada de "gestión eficiente". Pero claro, en la realidad, los políticos son expertos en robar con discursos emotivos mientras nos hacen creer que nos están salvando.
