Aquí, los hospitales no parecen mercados donde la vida se cotiza en dólares. No hay listas de espera eternas, ni médicos que te atienden en 3 minutos porque tienen que despachar a 100 pacientes más. No existen farmacéuticas con precios inflados ni seguros de salud que solo sirven para cobrarte. Pero en la realidad, enfermarse es un privilegio para los ricos y una condena para los pobres.